El ojo seco es una de las causas más frecuentes de consulta oftalmológica, y también una de las más subestimadas. Muchas personas viven con molestias que podrían resolverse — o al menos mejorar significativamente — con el tratamiento adecuado.
¿Qué es el ojo seco?
El ojo seco no es simplemente tener «poca lágrima». Es una enfermedad de la superficie ocular en la que la lágrima no cumple bien su función — ya sea porque se produce en poca cantidad, porque se evapora demasiado rápido, o porque su composición no es la correcta.
La lágrima no solo hidrata el ojo. También lo protege de infecciones, nutre la córnea y es fundamental para ver con nitidez. Cuando algo falla en ese sistema, el ojo lo hace saber.
¿Cómo se siente?
Los síntomas son más variados de lo que la gente imagina:
- Sensación de arenilla o cuerpo extraño.
- Ardor o picazón.
- Ojos rojos, especialmente al final del día.
- Visión borrosa que mejora al parpadear.
- Intolerancia a pantallas, aire acondicionado o ambientes secos.
- Paradójicamente: lagrimeo excesivo (el ojo intenta compensar la sequedad con más lágrima, pero de mala calidad).
Si te identificas con varios de estos síntomas, vale la pena una evaluación.
¿Por qué ocurre?
Las causas son múltiples y con frecuencia se combinan:
- Factores de estilo de vida: uso prolongado de pantallas (parpadeamos menos de lo normal frente a una computadora), exposición a aire acondicionado, uso de lentes de contacto, o vivir en una ciudad con contaminación alta — como CDMX.
- Factores hormonales: el ojo seco es más frecuente en mujeres, especialmente después de los 40, por los cambios hormonales asociados a la perimenopausia y menopausia.
- Medicamentos: antihistamínicos, antidepresivos, anticonceptivos orales y algunos antihipertensivos pueden reducir la producción de lágrima.
- Enfermedades sistémicas: artritis reumatoide, síndrome de Sjögren, lupus y otras enfermedades autoinmunes frecuentemente afectan la superficie ocular.
- Cirugía refractiva previa: LASIK puede reducir temporalmente la sensibilidad corneal y la producción de lágrima en los meses posteriores a la cirugía.
¿Tiene tratamiento?
Sí, y hay muchas opciones. El tratamiento depende de la causa y la severidad:
- Lubricantes oculares (lágrimas artificiales): son el primer paso. Hay muchas formulaciones distintas — sin conservadores, en gel, en ungüento nocturno — y elegir la correcta marca la diferencia.
- Tratamiento de las glándulas de Meibomio: una causa muy frecuente de ojo seco es la disfunción de estas glándulas, que producen la capa grasa de la lágrima. Hay tratamientos específicos, desde compresas calientes hasta procedimientos en consultorio.
- Antiinflamatorios tópicos: cuando hay inflamación crónica de la superficie ocular, los lubricantes solos no son suficientes.
- Tapones lagrimales: pequeños dispositivos que se colocan en el canal lagrimal para retener la lágrima en el ojo más tiempo.
- Cambios de hábitos: pausas regulares frente a pantallas, humidificador en casa, ajustar el aire acondicionado, hidratación adecuada.
El ojo seco rara vez se «cura» del todo, pero con el manejo correcto la gran mayoría de los pacientes logra estar cómoda y proteger su superficie ocular a largo plazo.
¿Cuándo consultar?
Si tus ojos te molestan con frecuencia, si usas lágrimas artificiales todos los días sin mejoría sostenida, o si sientes que tu visión varía durante el día, es momento de hacer una evaluación completa. El ojo seco no tratado puede afectar la superficie corneal con el tiempo.
¿Crees que puedes tener ojo seco? Agenda tu consulta y lo evaluamos juntas.